¿Cuándo tomar la decisión de picar? Al raspar el alambre en las inmediaciones de la mancha el sonido nos indicó que no había dudas sobre el origen del problema. Los caños de descarga pluvial, en construcciones viejas son motivo frecuente de pérdidas que dan lugar a la aparición de este tipo de manchas. Generalmente se usó el caño de hierro fundido con excelentes resultados por su alta resistencia a la corrosión y la rotura. Pero no son eternos y en algunos momentos se parten o se agrietan. Se usa también el caño de fibrocemento que en ningún caso es agredido por el óxido pero es hay que nombrar a los de plástico PVC que debido a su costo más bajo y a la facilidad de manejo, van ganando terreno. Los empalmes y acoplamientos son su punto más débil, y si tienen que estar a la intemperie suelen degradarse y volverse quebradizos. La decisión estuvo tomada y en minutos, maza y cortafierro, donde la humedad era más evidente se comenzó a calar. La sorpresa de la humedad Por debajo del revoque fino y grueso, la placa de ceresita (hidrófugo), con pequeñas estrías por donde filtraba el agua hacia el exterior. Ahondando más nos encontramos con la pared de ladrillo totalmente empapada. Pero eso no fue lo que nos sorprendió: era natural que al no tener por donde evaporar el agua, la pared estuviera mojada. Lo que sí fue sorpresivo fue encontrar un caño de chapa galvanizada, totalmente podrido que con la sola presión de los dedos se deformaba y hundía. Más sorpresa, este caño empalmaba con el original de fibrocemento que aparecía en la parte más baja, y con el cuello del embudo de hierro fundido en el extremo superior. Estos caños de chapa galvanizada no debieron ser usados nunca en interiores de paredes. En muchos casos se usó el zinc que era mucho menos corruptible que la chapa. Después, por una cuestión de costos, la chapa galvanizada vino a reemplazarlos pero éstos no soportan la agresión de la cal y por lo tanto, deben ser usados sólo en exteriores. Una emergencia en las cañerías Mirando con detenimiento la fotografía se puede observar un par de pinchaduras y otra cantidad de lugares donde la chapa se ha adelgazado como si fuera un papel y el óxido está a punto de perforarla. En la parte superior, donde ensambla con el cuello del embudo ya se ha comenzado a desprender como un velo de cebolla. Superado el asombro, llegó la emergencia: empezó a llover. Para evitar un chorreo desagradable se selló con calor y un trozo de membrana el agujero más grande. Un arreglo de albañilería Pasada la lluvia, quitamos el tramo de caño averiado, revisamos la boquilla del caño de fibrocemento que pese a una muesca suelta estaba en buen estado de conservación y decidimos hacer el empalme con dos trozos de caño de plástico que teníamos disponible. La unión entre plásticos (PVC) se realizó con cemento a base de aratona que se consigue en corralones de materiales y ferreterías como adhesivo para PVC rígido. En el caso de la boquilla de fibrocemento, se le insertó el tubo plástico a tope, presionando para que bajara al máximo y se rellenó el borde con cemento portland de fraguado rápido. Y en la parte superior se llevó el caño hasta la base del cuello del embudo de hierro. Una vez afirmado el caño plástico, si hay posibilidad de hacerlo, convendrá ver y comprobar el resultado de nuestra reparación. De paso le damos tiempo a la pared para que evapore parte del agua que estuvo acumulando. Antes de descansar, no olvidarnos del techo. |