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Construcciones en madera - Mobiliario
Construcciones en madera realizadas por uno mismo Un objeto de madera construido por uno mismo, ya sea antes de proceder a su ensamblado o bien después, requiere normalmente un acabado superficial que elimine cualquier irregularidad a la vez que se prepara para un tratamiento superficial posterior de barnizado o pintado. El grado de acabado de un objeto puede ser muy diverso en función de la clase de madera empleada y de la técnica de pulido que se utilice. En general puede valer la regla según la cual el acabado resultará tanto más fino cuanto más delicada sea la acción del abrasivo utilizado.  Pero no se puede obtener una superficie lisa y agradable al tacto trabajándola sólo con un abrasivo fino a partir de la madera en bruto. Para lograrlo hay que proceder de manera progresiva con intervenciones diferenciadas. Regruesado de la madera Después de haber efectuado cortes rectilíneos o curvados con una sierra, la acción más basta que se puede llevar a cabo consiste en el planeado o recortado ulterior por medio de una escofina. La acción de esta herramienta es particularmente eficaz en los bordes o sobre zonas de reducida extensión. En zonas planas de mayor dimensión una intervención de regruesado debe realizarse con un abrasivo empleado con el soporte de un disco blando, incorporado como accesorio de la máquina universal. El disco tiene que ser usado con mucho cuidado, ya que podría arrancar mucho material en función de la presión que se ejerza sobre dicho disco. Conviene actuar durante un breve tiempo con el disco, pasando luego a otros medios más delicados que no puedan ocasionar deformaciones. Pero antes de proceder al lijado es conveniente eliminar de la madera los restos de resina que pudieran quedar en ella. Emplear para ello un trapo empapado con esencia de trementina, ya que la presencia de resina compromete el lijado y encrasa rápidamente el abrasivo. Para eliminar partes importantes de madera y conseguir un buen acabado se puede utilizar el cepillo o un Surform. Estos instrumentos son muy útiles, pero antes de proceder a su empleo conviene hacer algo de práctica. Para conseguir rebajar una cantidad importante de material también resulta útil el empleo de una herramienta especial consistente en un rodillo de hojas abrasivas accionado por la máquina universal, o bien un cilindro recubierto con lija. Lijado de la madera En la definición genérica de lija se incluyen diversos tipos de abrasivo encolados sobre un soporte de papel y cuyo grado de acabado se indica con un número progresivo (desde 40 hasta 400 para abrasivos de tipo normal). A números más bajos corresponden granulaciones más bastas y, por tanto, menos finas. Como materiales abrasivos se utilizan granos de vidrio, esmeril o granate, carborundo, corindón, piedra pómez, etc. El papel de lija puede usarse manualmente o aplicándolo a accesorios de la máquina universal o también a máquinas integrales solamente empleadas con dicho fin. Cuando se trabaja sobre superficies planas y amplias el abrasivo debe acoplarse a un soporte especial para que se mantenga bien extendido. Un simple taco de madera blanda envuelto con el abrasivo servirá a tal fin. El soporte se hace deslizar a lo largo de las fibras de la madera con movimientos regulares y procurando ejercer siempre una presión constante. Después de haber actuado con un abrasivo de grano basto (del 40 a1100) se pasa a otro más fino para conseguir un mejor lijado de la madera, ya que es suficiente el propio peso para hacer un buen trabajo. Lijadora orbital Para poder trabajar sin esparcir alrededor el polvillo y evitando el respirarlo, se puede utilizar una lijadora orbital dotada con un dispositivo de aspiración que acumula los residuos en una bolsa acoplada a la máquina. Si el polvillo se acumula sobre la superficie que se pule, se tendrá que ir eliminando con un trapo húmedo. Pero aguardar un poco antes de volver a operar para permitir que la superficie se halle de nuevo seca. No hay que actuar nunca transversalmente al veteado de la madera ya que ello ocasionaría rayas muy visibles en la misma. En los sitios con curvados cerrados, entrantes, o en los que resulta difícil penetrar, es muy práctica la denominada «lima eléctrica», versión especial de lijadora de cinta muy estrecha y alargada. Hay que operar con ella con mucha atención ya que arranca muy pronto el material y se corre el riesgo de modificar el perfil del objeto. |